La eliminatoria de cuartos de final de Champions League la perdió el Sevilla en su estadio hace dos semanas, en un partido (2-3) en el que no se compitió al nivel que requería el rival y donde, como en el partido de anoche, faltó el gol, faltó la pegada.
No se puede reprochar nada a la exhibición de casta y coraje que el Sevilla desplegó ayer, pero la realidad es que el dominio absoluto del partido y el balón durante la primera media hora solo dio como resultado un tiro a puerta. Luego llegó Haalland, y el resto es historia. Cometimos errores que fueron aprovechados por el hambre depredadora del noruego, y es que no caben los errores en Champions. Pero lo dimos todo.
El Sevilla sale, de este modo, de su travesía del desierto, la que nos ha llevado a apearnos de las tres competiciones en menos de un mes. Peleamos la Liga, la Copa y la Champions, pero no ha podido ser. Pocos equipos en España pueden decir lo mismo y exhibir ese palmarés. Luchar de nuevo por la clasificación Champions es ya el único objetivo que nos queda, objetivo que no es menor. Nos hemos acostumbrado al triunfo permanente en estos 15 años e incluso hemos conseguido la sexta Europa League en plena pandemia. No puede reprochársele nada a este equipo. Pero la Liga española es la más exigente de Europa, pues siempre la ganan los mismos que suelen ganar también la Copa, y la Champions es una competición estratosférica en la que, realmente, sólo puede estar los mejores. Entre ellos está el Sevilla FC, sin duda alguna. El presupuesto, sin embargo, pone a todo el mundo en su sitio habitualmente.
Gloria al Sevilla, ejemplar equipo para el fútbol sevillano, andaluz, español y europeo.



Son muchas las lecturas, y ninguna positiva, las que pueden extraerse del partido de Copa de anoche en el Camp Nou. La primera es que la profesionalidad de los árbitros españoles es, simplemente, nula, inexistente, inédita. El VAR, que nos hizo creer que los diez o quince puntos extra con los que siempre terminan el campeonato el Barcelona y el Madrid se iban a acabar para siempre, ha venido a convertirse en el mecanismo a través del cual los aficionados de los demás equipos, que somos mayoría en España, vamos a tener la prueba documental del robo arbitral sistematizado y mafioso que impera en el fútbol español. Una auténtica vergüenza retransmitida en directo, a 360º, en alta definición y con los espectadores pagando una pastizara a la mafia de los medios televisivos. Nos van a seguir robando en la cara, y además nos van a regalar las imágenes. Para recochineo máximo de culés y madridistas.
